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10 jul. 2014

Sr. Vignolo

Montevideo, Uruguay
11 de julio de 2014

A quién corresponda

Por medio de la presente, hago expresa mi renuncia al cargo que hasta el día de la fecha despeñaba, con honores, y correctos procedimientos; aquí ¿dónde más?

Por conveniencia, se debe acotar este documento a cuatro frases insípidas, y tres oraciones sintácticamente conexas, y de honestidad dudosa, hiladas sin mucho encanto a razones en extremo falsas. Pues mi renuncia, por mucho que englobe el concepto, no es por razones personales.

Por dónde empezar, quizá por el principio, o por el final. Comenzar por el final es siempre más sencillo; es el momento inmediato vivido, es el más fresco, el más doloroso, el más exacto en detalles. Y normalmente el más estúpido.

Este trabajoso trabajo (valga la redundancia), me llenó de vagas alegrías, y agobió con dolorosas tristezas. ¿Acaso no todos? Me cuesta aceptar que esto no es mi culpa, es enteramente suya. No fui yo quien dejó entrar la pena a este lugar de trabajo, no fui yo quien permitió a la furia irrumpir la paz establecida, y definitivamente no fui yo, quien dejó las cosas suceder.

¡Cuanta rabia siento hoy, con cuanto enojo me voy de este lugar! Porque si alguien luchó por una mejora continua fui yo. Yo, y solo yo luché por superarme y superarnos, solo yo logré las victorias que esta casa se adjudica con tanta pomposidad, solo yo grité y detuve los robos armados que ozaron destruir los pilares base de esta institución. ¿Siquiera alguien intentó ayudarme? No, nadie.

¿Qué más puedo hacer? Que más mas renunciar, no lo sé. Por eso renuncio. Pero en tanta rabia, en tanto rencor sufro esta renuncia como la renuncia al amor que obligué a ustedes a realizar tanto tiempo atrás. Mi error.

Perdonen el concepto errado de liderazgo que intenté inculcar. Perdonen de corazón por buscar la mejora continua, por no bajar los brazos, por lucharla en todo momento. Perdonen, porque al parecer no sirve, pues no sirvió.

Hoy declaro mi derrota, permito a las corrientes del capitalismo moderno llevarme al estupidisísmo de la compra de necesidades infundadas. Permito que eligan mi carrera y destino. Permito la compra de mi alma al mejor postor.

¿Dan cuenta de lo que hago? Como ejercicio de locura, refiero a mí en tercera persona. Ya, que más da... nunca van a entender esta mixura de sentimientos, este auto-odio aplicado. Permitanme el atrevimiento de eliminar todo esto, no es necesario que lo sepan. Después de todo, no es realmente importante.

Amerita decir, que las razones que llevaron a tal decisión son de hecho pura y exclusivamente personales.

Saluda muy cordialmente,
Eugene.