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19 feb. 2016

Copa3

Exhaló sonoramente: «¿De qué me querías hablar?», preguntó.
Me acomodé en el banquito de piedra y con las manos entre las rodillas contemplé la posibilidad de decirle la verdad. Lo miré. Hacía tiempo que no me animaba a mirarlo. Él me miró y se acomodó incómodo. Bajé los ojos al suelo y me sonreí: él ya lo sabía.

El silencio siguió creciendo entre nosotros, pero no era incómodo, ni molesto; las cosas se estaban diciendo, al no decirlas. Él esperó, paciente, sentado a mi lado, tenso y expectante.

— Ya sabés de que quería hablarte.— Dije al fin. Su silencio respondió por él, y volví a sonreírme, con cierta tristeza. «Hace tiempo que pienso cómo mierda enfrentarte... y mirarte a los ojos... y decirte esto; para que lo entiendas. Yo solo necesito que lo entiendas, que entiendas por qué no puedo estar cerca tuyo, por qué no puedo hablarte, ni mirarte, ni reírme contigo, ni abrazarte cuando llegas, ni saludarte cuando me voy... porque me hace mierda. Y no es que quiera, yo nunca quise. Nunca quise que me pasara esto. Nunca quise sentir, esto que siento... y estoy feliz; yo sé que estoy feliz. Por vos. Por ella, porque es hermosa, y es perfecta para vos, y te hace feliz, y estás mejor... porque estás mejor. Y no sé. Solo quería que supieras, para que entiendas... pero ya sé que ya sabías».

— Está bien.— Murmuró.

— Perdón, igual.

— ¿Perdón, por qué?

— Y porque es una situación de mierda esta.

Se rió sin gracia.

— Nadie elige sentir o no sentir, esas cosas pasan... es raro si, pero ta; yo te voy a seguir queriendo igual. Y te voy a seguir bancando al bocha igual.

Era mi turno de reírme. Y lo hice: «Se... ya se me va a pasar. Espero».