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11 mar. 2016

¿Por qué mierda me estás hablando?

Te cuento, estimado, que no somos amigos.
No lo somos por varias razones, obvias a mi parecer, que paso a enumerar.
En primer lugar no somos amigos porque tu sonrisa me nefasta la existencia,
me carcome la memoria, y me retumba en lo mas hondo como hedor a mierda añeja.
En segundo lugar no lo somos, porque tus prioridades se alteran entre lo que piensa el otro,
y lo que el otro ve de ti. Cosas que a mí, si fueras mi amigo sabrías, me chupan un huevo.
No somos amigos, porque no sé nada de tu vida (¡¡y no quiero saber!!); y por absurdo, tu no sabes absolutamente nada de la mía.
No somos amigos, porque no compartimos ideales; no compartimos tiempos, ni momentos, ni espacios. No compartimos recuerdos, apenas si algún que otro rencor: más a mi favor.
No somos amigos, porque tu rostro me incita a golpearte, reiteradas veces, con creciente fuerza, sin parar: nunca.
No somos amigos, porque no tenemos amigos en común.
No somos amigos, porque no me gusta definirme en pragmatismos. Cosa que te identifica a lo lejos.
No somos amigos, creo, porque tenemos clases sociales distintas, atendemos a clases diferentes, y respondemos a clases diversas.
No somos amigos porque simplemente no lo somos.

Ahora me pregunto, yo, en este momento de reflexión absurda: ¿Cómo mierda pudiste pensar que eramos amigos? ¿Qué, si es que existe una razón, fue el indicio primero que te llevo a tal absurda conclusión? Sé que ensayo el fallutismo diariamente, porque la mediocridad de la sociedad que me rodea así me lo establece; pero no soy tan buen falluto. No lo soy, porque soy honesto.

Entonces, estimado: ¿Por qué mierda me estás hablando?