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4 abr. 2016

Por la matrilinealidad.

No hay nada más desagradable que el ser humano. Y aún más, sentirse superior a su propia especie.
A mi me pasa, todo el tiempo; en especial con ciertos individuos de la colectividad, algo así como la denominada «familia» a la que me tocó formar parte: son todos una manga de pelotudos.

Su conocimiento sobre el mundo me aterra (no pueden ser tan cortos de mente), no puede existir tan poca dualidad de pensamiento; tan cercado desarrollo de la imaginación; tan poca realización de su individualidad. Tan poco pienso. Pero todo y más existe en ellos.

Los odio tanto; no por ellos, no por la ignorancia que manejan a diestro y siniestro: sino por hacerme sentir superior a ellos. Eso me enferma. Así que me enferman. Me enfermás vos; que no entendes la existencia de un otro diferente. me enfermás vos, que no cabe en tu limitada razón, la idea de un otro que piense, sienta o sufra de forma diferente: vos sos muy limitada, no existe. Y así pecas de mongólica. En tu intento constante de mantener las cosas sanas, de «hablar las cosas», de «mejorar la relación», te olvidas que yo no soy vos, que yo pienso, y siento distinto de vos. Que tengo mis tiempos, y mis problemas, que no solo NO te incluyen, sino que te obvian por tu natural inexistencia. NO TE QUIERO CERCA, eso no es cierto. NO TE QUIERO CERCA EN TODO MOMENTO. Necesito MI espacio. MI espacio para putearte porque sos una idiota, mi espacio para admirarte por algo que en este momento, lleno de rabia, no logro concebir, pero sé; porque no soy tan estúpido; sé que hay algo que te haga digna de ser superior. Mas hoy sos una idiota.

Los odio tanto, los aborrezco, los detesto...

¿Cómo no sentirse superior, si a cada comentario o acotación; voy y vuelvo tres veces de lo que pensaste y lo que podrías pensar?, ¿cómo no sentirse superior, si cada vez que —por obra y arte de vaya a saber uno quién— terminas haciendo un «yo creo que...», cuando nadie, nunca, opinó al respecto; mas se postuló una simple idea, una simple teoría, que ES, más allá de lo que creas o no? ¿Cómo me puedo relacionar con esta gente, que sé —en mi poder estuviera— no quisiera tener cerca, o nunca elegiría como amigos?

Mi familia es eso, esa gente que veo en la calle y repudio por lo que son, por lo que hacen, por como piensan. Son muy diferentes a mí en todo sentido; son la antagonía misma de lo que yo represento —o yo la de ellos—.

Pero son mi familia; y los quiero; y los entiendo, y sé —aunque no pueda verlo con claridad ahora— sé que son más de lo que esbozo; y sé que se mueven más allá de lo que entiendo; y sé que entienden más allá de lo que digo; y sé que no son inferiores a mí bajo ningún concepto. Pero que rabia; que rabia que me da que solo yo pueda entenderlos; y ellos no logren comprenderme —aun con sus intentos—. Que molestia, que desazón. Que soledad.