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18 jun. 2017

Ejercicio de Teatro

Antes de que el mundo sea mundo, y que el tiempo sea tiempo. Las estrellas habitaban en lo alto. Se movían de un lado a otra en la eterna oscuridad, buscando desesperadas un lugar donde brillar. Ilagua las veía desde su brillante nebulosa y con cierta lástima por sus sentires, llamó a Coruncha para idear un plan.
Coruncha tenía un plan que guardaba con recelo, pero al ver las honestas intenciones de Ilagua lo compartió.
«Tengo en mente crear algo nuevo, con forma, pequeño...», le dijo a Ilagua «así y asá», le mostró con gestos. «Pero por mucho que intente no concibo cómo», se lamentó.
«¡Yo tengo la solución!» exclamó Ilagua encantada, y las dos corrieron a buscar a Stur, la estrella madre.
«¡Oh, gran Stur! Madre de todas las estrellas, creadora de todo cuanto brilla, ¡despierta! Eso que tanto anhelas ha llegado!». Y Stur, así lo hizo. Despertó y respondió: «Me has despertado Ilagua, ¿es que acaso has logrado lo inlograble?». «Así es Oh Madre Stur, pero para eso, necesito que te separes de ti misma en dos partes iguales».
Stur la miró con curiosidad, nunca antes había tenido que dividirse en dos, pero así lo hizo.
Con el poder de Stur, y la magia de Ilagua y Coruncha. Un poco de barro, sal, y polvo de nube, crearon al primer hombre y la primera mujer.
«¡Oh gran Madre!» exclamaron Ilagua y Coruncha. «Oh gran Madre, necesitamos de tu luz, y de tu fuerza para dar vida a estas criaturas. Que habitarán la tierra, y miraran al cielo en busca de sabiduría. Preguntarán por su existencia y caminaran por donde tus hijas se lo indiquen. ¡Oh gran Stur! ¡Sacrifica tu existencia para que ellos puedan surgir!» y Stur así lo hizo.
«Prometeme que cuidaras de mis hijas Ilagua» murmuró Stur mientras entraba en el cuerpo del primer hombre y le obligaba a abrir los ojos, e inhalar las primeras bocanadas de aire de aquella tierra desierta. «Prometeme que te encargaras de cuidarlos a ellos, mis nuevos seres Coruncha» murmuró Stur mientras entraba en el cuerpo de la primer mujer y le obligaba a abrir los ojos, e inhalar las primeras bocanadas de aire de aquella tierra desierta.
«¡Lo prometemos!» exclamaron las dos, y en lo que fueron segundos: Ilagua se volvió a cuidar a las estrellas que buscaban con ansias un lugar donde brillar; y Coruncha envolvió todo el mundo de estos nuevos seres para cuidarlos y ayudarlos a encontrarse.
***
Muchos años pasaron ya desde que Ilagua, Stur y Coruncha crearon al primer hombre y a la primer mujer, pero Ilagua sigue en el cielo cuidando a las estrellas que buscan donde brilla y Coruncha sigue cuidando a los hombres, y ayudándolos a encontrarse mutuamente. Es así que cuando una hija de Stur brilla con más fuerza que el resto, Ilagua se le acerca y le murmura «que quieres Oh hermosa y brillante hija de Stur», y la estrella siempre le responde: «Lo quiero a él, y la quiero a ella». E Ilagua que es sabia y lo sabe, le avisa a Coruncha los deseos de la estrella, y Coruncha que es aún más sabia, y aún más sabe, une con todas sus fuerzas a aquel hombre y aquella mujer. Y cuando ambos están juntos uniendo la fuerza y el poder de Stur, la Madre de las Estrellas. La estrella baja del cielo y se deposita en el vientre de la mujer, y crece con barro y polvo de si misma, y crea a otro hombre o a otra mujer.
Es por eso que sabemos que es el hijo y es la hija quién elije a su mamá y su papá, y no al revés como nos quieren hacer creer...
Y así lo diseñó Stur, la más sabia de todas. Y así lo hizo Ilagua la sabia, y así lo hace Coruncha más sabia que la anterior.