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29 sept. 2018

Una forma particular de pensar.

Tengo tiempo para pensar en los errores que he cometido.
Es un tiempo acotado, pero existe, está y debe ser utilizado.

Entonces me encuentro leyendo Howl de Ginsberg, y
pensando seriamente las bostas que escribo.
¿De qué sirven si no son honestas?

Honestas... honestidad, a eso debo remitirme.
A escribir desde lo que siento, lo que pienso, lo que quiero cambiar...
Lo que quiero que cambie.

Pero yo no escribo desde lo político... creo
Lo mío es más personal, digamos...
y Simone de Beauvoir tan solo puede mirarme y reirse.
como para no... "lo personal es político"

Is it tho?
Me pregunto, lo es?

En mi mente hay espacios que no quiero conquistar,
sucumben al caos de forma diaria... y eso me da paz,
me trasmite mucha paz, tranquilidad, armonía...
Es ese lugar de mi mente en el cual siempre quiero morir,
un lugar nefasto, triste... inteligente.

Y entonces vuelvo a Ginsberg, y me encuentro emocionado y asqueado por lo que escribe.
Sí, asqueado... en un buen sentido.
Y ahí, en ese momento solo puedo preguntarme
¿Qué mierda estoy haciendo con mi vida?
¿Hay alguien a quién pueda confiar mi... yo?

En mi mente hay espacios que no logro contener...
que no quiero contener, pero quiero que dejen de estar.
Quiero terminar con ellos, pero no puedo hacer que terminen...
Y me río pensando en el burócrata Poseidón de Kafka,
y me río de él en su abarrotada oficina,
con ese final inminente, de terminar o que te terminen.
Y a mi me termina agotando todo mucho antes de que se termine el mundo,
"el mundo", como si existiera fuera de mi mente.

Tengo miedo de que mi mundo deje de existir.

No sé si soy feliz,
no sé si lo que hago me hace feliz,
no sé si tomarme el 60 siempre 10 minutos más tarde de lo que debería,
y llegar a la maldita oficina en la cual me cuelgo una vincha y laburo,
amenazo a gente con cosas que sé no van a pasar,
les pido que paguen cosas que no sé si les convendría pagar,
para poder llegar a una comisión a la que nunca llego,
para poder cobrar un sueldo que no me sirve para nada.

Y después llego a mi casa a leer a Foucault, y me río de mis contradicciones.
Y pienso que lo que hago es importante...
estudiar, me refiero, como si fuera importante...
y no estoy tan seguro de que lo sea.
Pero tampoco estoy seguro de que no lo sea,
entonces lo hago... lo mínimo.
Mi "mínimo".

Y vuelvo a pensar en Poseidón, y ese Kafka con el que comparto nombre.
Y me sonrío al pensarme tan importante como para ser el personaje principal de cualquier novela...
Como para ser ese Lobo particular de Hesse.

Y vuelvo a Ginsberg, a su vida...
O a esa vida que encuentro entre textos y películas
¿No es genial ver a Radcliffe jugando con esos lentes?
Jugando a pensar...

Pensar, eso es icónico.

Yo no pienso...
o bueno, todo lo que hago es pensar.
Y "si todo es todo, nada es nada".

Y entonces empieza a llover, y de la explanada de la Intendencia
nos movemos bajo la lluvia hacía la casa de Mari,
donde minutos después de su llegada,
un adicto a los derivados del opio rompería la puerta.
Y yo solo quiero un abrazo,
entonces abrazo a Emi, toda la noche.
Y nos reímos, porque
¿qué hay de no gracioso en necesitar afecto de gente que apenas te conoce?

Y vuelvo a casa bajo la lluvia,
en un taxi que apenas puedo pagar,
y vuelvo a leer Howl de Ginsberg,
y ahora entiendo aún menos lo que dice.
Y menos entiendo a Hesse, y a Foucault y a de Beauvoir (que nunca la entendí),
Y poco entiendo a Kafka (que siempre me escribió a mí).

Entonces escribo, intentando entenderme.
Y pienso en Lucas y me da rabia y me pongo a llorar.
Me pongo a llorar porque es un maldito hijo de puta que logra lo que quiere,
pero no se muere.
¿Por qué no se muere?
Yo no logro lo que quiero, pero siento que muero... de a poquito.

Y Pablo creo que está realmente ofendido, y no sé si entiendo por qué,
Y Mari, la Mario, está triste... y si hermana, te entiendo.
Pero no entiendo a Hesse, la puta madre no lo entiendo.

Y la única persona que me entiende, Cami, no está...
disponible.
Está para ella, ahora (sano).
Y estoy feliz por ella, pero quiero un abrazo
(entonces vuelvo a abrazar a Emi).

Y volemos a ese circulo vicioso en el que la gente me sigue agregando a Facebook.
1984 un poroto...

Y tengo miedo.

"¿Miedo a qué?", me pregunto.
Miedo a la muerte... a mí muerte.
A dejar de existir, para siempre.

Me gustaría matar a alguien, para ver que se siente.
A una oveja...
a La Oveja.

Y entonces vuelvo a sentir miedo.
Y ya sé a qué.
"Ahora todos lo saben"
(Darín, la puta madre, ¡qué película del orto!)

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